Estamos en la casa del té, dice el anfitrión, e invita al cronista a no desperdiciar esa oportunidad. Por la cantidad, también podría ser la casa del libro, y por el piano y la guitarra eléctrica, la casa de un músico. Es el hogar de Alejandro Ferreiro y es todo eso junto. El té, excelente, es una donación de Inés Bertón, una argentina que tiene nariz absoluta, “la Charly García del té”, la describe Ferreiro.
Esta también es la casa del escritor, del que hoy presenta en el planetario su tercera novela, Todo lo quieto sueña moverse (Artefato). Portland (Civiles Iletrados, 2000) y Algo que flota (Artefato, 2005) fueron las antecesoras de esta nueva historia, que al igual que el debut literario de Ferreiro, está escrita en primera persona: “Eso suele confundir a los lectores de una ciudad chica como Montevideo porque creen que soy yo el protagonista. ‘Ah, eso es parecido a lo que hace Alejandro’. Es verdad, uno siempre se inspira en las cosas que te pasan, pero no es un diario. La novela que está en el medio, Algo que flota, no está escrita en primera persona, es decir, como que no soy yo, pero a lo mejor soy más yo que en las otras”.
El propio autor reconoce que es complicado hablar de un argumento relacionado a su nueva aventura literaria. La historia de este personaje en crisis es narrada mediante pequeños impactos, fragmentos que explotan o se pierden en poesía, en reflexión, con el único fin de hacer cómplice al lector de esa misma reflexión. Todo lo quieto sueña moverse no tiene límites, a veces el autor dialoga con el escritor y ambos invitan o provocan al lector en un juego circular que nadie sabe quién lo empieza y quién lo termina.
Sin embargo, Ferreiro sí identifica un tema central en sus tres novelas: “Hay una preocupación siempre por el paso del tiempo, el vivir el presente intensamente y sin los apremios del pasado y del futuro, esa convicción de que el presente es lo único y de que estás un poco obligado a convencerte de eso porque el futuro no se sabe y el pasado fue. Cierta sensación de concentración en el presente, tra-tar de fijar el presente sobre la ba-se de que eso no se puede hacer”.
Dentro de poco Ferreiro se irá a España a disfrutar de un mecenazgo que ganó a través de la fudación irlandesa Kardaz, donde dice ejercerá por primera vez como escritor, pese a que le cuesta acostumbrarse al rótulo. En un lugar de La Mancha, el hombre que vivió la noche en la radio ejercitará un proceso que vive intensamente: “Lo que yo vivo cuando escribo es como una atmósfera. En Algo que flota la atmósfera era un monasterio de curas y yo viví ahí durante unos meses. Ahora durante unos meses viví observando a este tipo de cerca, quizás escribiendo no me veía en el lugar de él, sino detrás de él, en la espalda. No soy protagonista, soy voyeur. Soy invisible observando la situación y luego la transcribo”.
La nueva noche boca arriba
En febrero pasado, Alejandro Ferreiro abandonó Planetario, el programa radial que durante ocho años y cientos de noches llevó adelante junto a la productora Julieta Keldjian en El Espectador. El periodista y escritor prefiere decir que aquel 27 de febrero mató a Planetario, ya que mientras no descarta algún día volver a la radio sabe con total seguridad que no será con ese proyecto. “Estoy en proceso de scan disk, limpiando el disco duro”, y agrega que no le costó acostumbrarse a su nueva realidad nocturna: “Disfruto mucho de esa hora todos los días. Puedo extrañar el ejercicio radial, el diálogo con la gente y la sensación de bienestar de laburar en lo que me gustaba y vivir de eso. Que no se ofendan los oyentes, pero no extraño casi nada”. Aquel día Ferreiro también decidió regalar los 800 libros de la biblioteca circulante, referencia dentro de su programa radial. Aunque reconoce haber recibido propuestas, no existe nada concreto sobre su regreso a la radio.