Todo lo quieto sueña moverse - Neo Agosto/setiembre de 2006

AlejandroFerreiro

Ediciones Artefato

El verbo clave es mudar, el sustantivo clave es mudanza. Mudar de casa, de esquina, de mesa, de bar, de amor, de ciudad, de lectura. Mudar de todo.
Todas las mudanzas son una mierda, advierte el autor desde la primera página. No obstante eso, Todo lo quieto sueña moverse es uno de los libros más mutantes que el lector puede hallar en su librería amiga.
Al igual que en Portland -su primer novela- Ferreiro vuelve a jugar el juego que más le gusta y divierte: el de los capítulos cortos en primera persona, la introspección del personaje único y un argumento fragmentado que no permite la distracción del lector. Porque al igual que todas las buenas costureras del barrio, Alejandro conoce la regla de oro: no es bueno que el hilo esté siempre a la vista.
A lo largo de la lectura, es posible atisbar retazos de la vida del protagonista, descubriendo en ella una rata blanca, un vaso roto, algunas canciones y algunas mujeres; estas últimas, al parecer, más importantes que las primeras.
Más allá de las sencillas -engañosamente sencillas- peripecias que narra, lo jugoso de la obra es su carácter reflexivo, la riqueza de pensamiento, las herramientas emocionales e intelectuales que el personaje de la historia emplea para acomodarse al mundo o para, llegado el caso, acomodar el mundo.
“¿Cuántos son los que se van sin avisar? ¿Los que huyen sin saber que se llevan a pasear la razón de sus temores? ¿Los que dan la vuelta al mundo en lugar de buscarle la espalda a los asuntos? ¿Cuántos somos?”
A lo mejor toda mudanza es una huida, aunque no siempre
fruto de la cobardía. Huir para adelante.

Alejandro Ferreiro publicó tres novelas y un libro de poesía. Era de la radio pero se mudó. N’una d’esas vuelve. Así sea.