TODO LO QUIETO SUEÑA MOVERSE - Pimba Agosto de 2006

Esta novela puede leerse en un viaje en ómnibus a Punta del Este o a Colonia (dos horas sin nadie molestando bastan) pero también vale leerla de a puchitos, para disfrutar y mascar las anécdotas y las reflexiones. Si algo tiene Todo lo quieto sueña moverse es familiaridad. Esta novela es, en primera persona, un diario muy personal, sincero y creíble, con relaciones que no terminan, otras que apenas comienzan, despedidas o ausencias que luego no son tales, mudanzas liberadoras que se demoran, planes de viaje en aviones que todavía no despegan. Todo lo quieto sueña moverse habla de mudanzas, de cambios, de la indecisión y de esas ganas de zambullirse a algo, con la necesidad de dejar un pie en la orilla. El autor elige nombres ajenos, playas sin nombre y avenidas desconocidas. Su intención puede ser despistarnos pero uno se dibuja esquinas, reuniones, habitaciones y caras montevideanas, porque las formas delatan. París es París porque es parte del sueño; por eso también no habrá páginas para llegar. El disfrute de esta novela está en la virtud de Ferreiro de cruzar situaciones cotidianas e ideas (el narrador es una tormenta permanente de reflexiones y recuerdos) que van construyendo un personaje palpable: un tipo que está solo, a quien la quietud lo incomoda y por eso busca casas, ciudades y relaciones nuevas. Disfruta pensar en ese movimiento; pero sabe, que después de la movida, el sueño vuelve a aparecer. Mudarse una vez más es una opción, también volver atrás. No siempre. Y esto último, como a cualquiera, le da miedo. Ágil; para devorar.

Alejandro Ferreiro / ARTEFATO 2006

C. NARANCIO