Con una prosa de excelente tensión narrativa, imágenes intensas y dotada de un fino humor -tan irónico como directo—, la novela Ultimas conversaciones con el fauno del seudónimo Ercolc Lissardi (uruguayo supuestamente fallecido en 1993, autor de Calientes, 1994, y Aurora lunar, 1995) nos coloca sin prejuicios ni falsos pudores frente al azaroso deber de ser más libres, completos y quizá más felices, asumiendo con espíritu deportivo la tarea o el don que nos tocó -misterio mediante- al llegar a esta vida.
En Lissardi la consigna es jugar las delicadas regias del sexo para armonizar la trilogía cuerpo-deseo-amor o, una forma de lo mismo, hombre-mujer-fantasía.
El relato está a cargo de Delia, una periodista novata que narra su experiencia con un hombre-fauno (un ser que tiene como misión dar felicidad a los humanos, coito mediante) quien se ha convertido en un paciente ‘estrella’ del Hospital de Clínicas porque padece un veloz envejecimiento que lo empuja sin pausa hacia la muerte. El fauno ha grabado para ella sus experiencias, las que aparecen en la novela como seis historias ‘prohibidas’, sutilmente vinculadas, que llevan nombre de mujer: ‘Marina’, una chica de barrio con un novio dominante; ‘Nereida’, una suicida velada; ‘Gina’, un gato monstruoso y otras. Los relatos desembocan, no sin graves padecimientos para el protagonista y sus beneficiarios, en la adolescente sin nombre propio de la última historia, que representa a Delia en tanto amor verdadero. Lo que ella no puede advertir es que terminará transformándose, muy a su pesar, en una completa enamorada del objeto de sus desvelos y que junto a él gozará como nunca antes de la perfecta simbiosis amorosa.
Como todo fiel representante de su raza mitológica, es por medio de un balanceado y terapéutico ejercicio sexual que el fauno (sensual, tierno, seductor) acercará -sometimiento mediante- con sus precisos relatos a esta periodista (reprimida, práctica, racional) a la experiencia más fantástica y cruel que atrapará sus vidas.
Lissardi compone un texto que ironiza continuamente, pero más allá de eso, esta novela, en su parte más opaca, deja latente para los hombres casi un deber ser, el de aprender a amar de otra manera, el de intentar devenir faunos. Y en su parte más visible, demuestra un contundente conocimiento del funcionamiento femenino cuando el desafío es la milimétrica conjunción entre el sexo y el amor.
Sandra López