Ercole Lissardi nació en Montevideo en 1950 y, durante la dictadura, estuvo exiliado en México. Recién en 1995, el escritor publicó su primer libro, que es una colección de relatos eróticos denominada “Calientes”.
A esta primera muestra de su talento para narrar historias hondas y por momentos salvajemente humanas, sin descuidar un erotismo primitivo, brutal pero al mismo tiempo refinado, le siguieron novelas como “Aurora lunar”, “Ultimas conversaciones con el fauno”, “Interlunio”, “Interludio”, “Evangelio para el fin de los tiempos”, “El amante espléndido”, “Primer amor, último amor” y “Acerca de la naturaleza de los faunos”.
En “Los secretos de Romina Lucas”, el autor retoma, en buena medida, algunas temáticas características de su producción literaria precedente.
El protagonista, un hombre ya mayor y con su rutinaria vida aparentemente encaminada, observa a una joven manejando un automóvil por Montevideo y siente automáticamente que es la mujer de su vida.
La conductora lo queda mirando enigmáticamente y esa fatal distracción le provoca un accidente que le cuesta la vida. El personaje se acerca a la moribunda, le toma la mano y logra quedarse con su última mirada, la cual no alcanza a descifrar.
La novela se erige sobre este primer acontecimiento marcado por la demoledora sentencia de la culpa, que provoca en el hombre una verdadera obsesión por recuperar los fragmentos de memoria del efímero y misterioso personaje femenino.
En ese contexto, emprende una denodada búsqueda por encontrar pistas que le permitan conocer cómo vivía Romina Lucas. Su pesquisa incluye relacionarse con personas que la conocieron, recabar testimonios y hasta recolectar objetos personales.
Su periplo comienza en la sala en la cual están velando el cuerpo de la joven, donde dialoga con sus deudos y mantiene un tenso altercado con un hombre veterano que era realmente el amante de la infortunada Romina.
No satisfecho con esta epidérmica experiencia de conocimiento, también engaña a los padres, logrando que estos le permitan entrar a la casa y tomar contacto con los objetos personales de la muerta.
Esta intensa y persistente indagatoria le permite mimetizarse con el entorno de amigos y allegados a Romina, conocer a la esposa del amante secreto y hasta reconstruir buena parte del fugaz periplo existencial.