Primer amor, último amor

La República
8 de agosto de 2004

La más reciente obra del autor uruguayo Ercole Lissardi nos propone analizar las oscuras motivaciones que encierran el amor y la pasión, hurgando en las conductas humanas ante tan movilizadoras emociones.

A como de comentario, el propio escritor subraya: “Narrando la historia de Humberto y Eva, he querido conjurar algunos fantasmas que a muchos nos aquejan: el de la diferencia de edad en el amor, el del peso de los malos entendidos en las relaciones amorosas, el de la sombra del pasado en nuestra vida personal y colectiva. He querido también que este Montevideo que padecemos, el del derrumbe pero también el de la esperanza, fuera un protagonista más de lo que narro”.

Lissardi nos sumerge en la historia de Humberto, un doliente viudo que carga con el estigma de la pérdida de su mujer, que murió en un accidente de tránsito ante sus propios ojos. El luctuoso episodio marca un crucial punto de inflexión en la existencia del protagonista, al extremo que convive cotidianamente con el recuerdo de su amor fagocitado por la tragedia, lo que procesa en una suerte de ritual con cada objeto que toca.

Por tal motivo, al conocer a una humilde vecina, le propone un absurdo acuerdo que no hace otra cosa que agudizar aún más su drama y expandir la herida provocada por el horror de la ausencia.

Intentando revivir la imagen de su esposa muerta, el protagonista viste a la mujer con las ropas de la difunta. Además, le paga para que represente su papel.

Sin embargo, al agotarse la situación, el hombre es nuevamente abrumado por sus pesares, cargando a cuestas con su demoledora soledad.

Al conocer a Eva, Humberto intenta recrear la ficción, lo que le permite desenterrar sentimientos que habían permanecido dormidos desde la partida de su amada.

Al mismo tiempo, la situación le plantea un nuevo desafío: a los cincuenta años, se propone recuperar su vida afectiva con una mujer considerablemente más joven, exponiéndose a la crítica y la censura de una sociedad despiadada a insensible.

Apelando a su habitual oficio para construir historias mínimas, Lissardi ensaya el descarnado y minucioso retrato psicológico de sus personajes, desnudando la peripecia vital de seres obsesionados por la emergencia de escapar de su soledad.

Humberto procura revivir a su adorada Elena en el cuerpo y el alma de Eva, resistiéndose al holocausto de un mundo que feneció el día en que su esposa fue arrollada frente a sus absortos ojos.

Por su parte, Eva disfruta de la dicha de su primer amor, su iniciación sexual y el maravilloso pero doliente itinerario de comenzar a emerger de la crisálida de la adolescencia, para ingresar definitivamente en la adultez.

Ella vive la experiencia con esperanza, sin percatarse de que Humberto ama al ideal que representa, a un fantasma que la joven encarna.

De todos modos, ambos se permiten sucumbir al arrollador sentimiento que los envuelve, cada uno con sus propias motivaciones y sueños, en una suerte de simbiosis que les protege de las agresiones del mundo exterior.

El autor incorpora también al personaje de Marcia ­amiga íntima de Eva­ una joven que transcurre su vida buscando el afecto en cuerpos anónimos, sin permitirse la libertad de sentir ni comprometerse emocionalmente con sus amantes.

“Primer amor, último amor” es un prolongado viaje rumbo a las entrañas de la pasión, que explora todos los más íntimos estadios de la afectividad, la soledad y el desamparo.

El autor inserta a sus personajes en los paisajes humanos cotidianos, de una sociedad consuetudinariamente indiferente que sólo reacciona cuando se siente agredida por un evento que cuestiona sus normas de convivencia.

A partir de historias mínimas de pérdidas y tragedias, Ercole Lissardi construye un macromundo mucho más complejo y conflictivo, en el que las emociones suelen gobernar a la racionalidad.

El autor uruguayo ratifica su indudable oficio de narrador, pero también asume una profunda exploración de la condición humana, en un tiempo histórico marcado por la pérdida de valores y la ética de la resignación.

(Edición Los Libros del Inquisidor)