Diarios de monstruos admirables

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27 de abril de 2006

“El alma del mundo”, de Felipe Polleri

Voces alucinadas. Voces delirantes. Confesiones al oído de mundos desgarrados, rotos, asesinados. Por esos barrios sigue garabateando la pluma de Felipe Polleri (Montevideo, 1953) en su último libro, El alma del mundo, donde vuelca, como en sus otras obras, relatos “locos” con personajes marginales. Pero esta vez es distinto. Hay algo nuevo.
Hasta ahora, Polleri publicó los conjuntos de cuentos Colores (colección Deúltima, Arca, 1991), El rey de las cucarachas. Vida de los artistas (colección de los Flexes Terpines, Cauce Editorial, 2001) y las novelas Carnaval (Banda Oriental, 1992) y Amanecer en Lisboa (Aymara Editorial, 1998). En todos los casos escribe en forma fragmentada, construyendo piezas breves. En todos los casos Polleri pone las vísceras en lo que escribe, con lo que consigue tener, al mismo tiempo, un singular peso específico de veracidad imaginaría y un ambiente irreal o imposible.
En las obras anteriores hay bichicomes, mujeres gordas repugnantes, putas, mugre y alimañas. El alma del mundo está habitado por seres similares, pero ya no hay tanta furia, ni tanta violencia, ni tanto sinsentido. Porque eso nuevo que hay tiene que ver con el amor. Lo loco ahora aparece objetivado, observado y no sólo vivenciado. De hecho, uno de los personajes es una psiquiatra, tan confundida y loca como su paciente. El primer pasaje del libro, titulado “El Dios Árbol”, se presenta como una pieza teatral con el diálogo entre el paciente delirando y la doctora. Luego el paciente llega a tener un nombre e incluso un diagnóstico y los roles entre la médica y él se difuminan y se enturbian. En esta parte Polleri rinde homenaje al poeta alemán Jakob Lenz (1751-1792), que en el siglo XVIII fue parte del movimiento Sturm und Drang (que se traduce como “tormenta e impulso”) y terminó sus días hundido en la esquizofrenia.
El paciente desafía al mundo y desorbita a la médica, aferrado a su creencia en el Dios Árbol (”sólo alrededor del Dios Árbol hay verdadero amor o verdadero odio”). Elsa, su mujer, ha desaparecido, él no quiere decir dónde la puso. Confrontador, destila genuina filosofía de vida. “Usted no cree en la magia. Ustedes, los racionales, no creen en nada”, acusa. “Todo está vivo doctora. La muerte es una idea de ustedes (…) de los doctores”, dice. “¿A qué edad se pierde la alegría de correr? ¿A qué edad la perdió usted, doctora?”, interroga este hombre que se siente “repugnante como ser humano” pero “admirable” como monstruo.
La segunda parte se llama “Retratos contrahechos” y allí Polleri juega otra vez con diálogos mezclados con prosa, en breves, bizarros y geniales textos como “Cosas horribles”, “La vaca”, “Solidaridad”, “El jorobadito”.
El título del libro nació de un poema del italiano Torcuato Tasso: “Amor alma es del mundo;/ amor es mente que al sol dirige…”. En estas páginas, que juegan además con un diseño interior que rasga el texto apareándolo con imágenes, está sintetizado todo el dolor y el amor de los enfermos, los monstruos y los insectos. Atravesar ese mundo es una experiencia intransferible.

L.G