La literatura suele transitar los territorios más recónditos de la peripecia humana, desde la épica cotidiana y el heroísmo hasta las propias catacumbas de la angustia.
En cierta medida, la escritura suele ser un recurrente ejercicio exploratorio, un itinerario permanente de descubrimiento del mundo en su globalidad, pero también de los micromundos individuales que habitan en cada uno de nosotros.
Asumiendo ese desafío en toda su dimensión, el escritor se transforma en una suerte de arqueólogo, que escruta e interpreta su realidad y la de su entorno.
Sin embargo, esa búsqueda no se limita a la mera contemplación y decodificación del devenir histórico, porque la creación literaria se nutre primordialmente de la materia prima de la imaginación en estado químicamente puro.
En efecto, cuando el escritor comienza a parir su obra, la realidad se hace añicos y comienzan a nacer nuevos universos que son sus universos personales- a menudo insólitos e inverosímiles.
Esa lógica de lo ilógico es una regla esencial del código del creador, que se entrega al discurrir de su pluma con la íntima convicción de que está edificando un nuevo mundo paralelo, con sus claros y oscuros, sus alegrías y sus más lacerantes angustias.
En “El alma del mundo”, el narrador y crítico literario Felipe Polleri, autor de “El payaso y sus juegos”, “Carnaval”, “Colores” y “Amanecer en Lisboa”, construye un relato de trazo deliberadamente surrealista, en el que cohabitan la cordura, la locura y la reflexión.
Esta obra, que rompe con las reglas en materia de concepción estética, es un ejercicio literario osado y original, que discurre entre la fantasía, el realismo e incluso hasta el mito.
La primera narración, intitulada “El Dios Árbol”, que insume más de la mitad del libro, es una historia de trazo desgarrador y lenguaje despiadado.
Concebido casi como una obra de teatro, esta pieza es una sesión de terapia protagonizada por una psiquiatra y un demente, que, a juzgar por los indicios que aporta el autor e interpreta el lector, habría cometido uno o varios asesinatos.
Sin embargo, bajo la epidermis de ese paciente agobiado y sometido a una suerte de extenuante interrogatorio, subyacen dos mundos paralelos y radicalmente antagónicos.
Esa dicotomía entre paraíso en infierno pergeñada por una personalidad dual y enfermiza, reproduce en cierta medida- todas las terribles contradicciones del universo de la cordura.
Recurriendo a abundantes caligramas que recrean simbólicamente imágenes y emociones, Polleri trabaja pacientemente la materia prima de la locura de su atormentado protagonista.
En ese personaje cohabitan más de una criatura humana, varias voluntades que luchan denodadamente por una imposible redención.
En su particular y personal mundo de ficción, el creador apela a la realidad más cruda y descarnada, pero también a la poesía de naturaleza mítica y panteísta, para elaborar su propia dialéctica sobre la naturaleza del espanto.
En este libro sin dudas original, Felipe Polleri reflexiona sobre la vida y la muerte, la cordura y la alienación colectiva, en un discurso literario que no soslaya la inflexiones críticas y el registro de trazo despiadado.