Malvada memoria

Búsqueda 5 de febrero 2009.

Silvia Tanzi

El último capítulo se llama “Álbum de familia” y allí aparecen, simulando una siniestra galería de fotos, dibujos de la abuela Teté con cabeza de caballo, grandes patas y grandes tetas, la hermana Cristina con alas y cara de pájaro y la otra hermana, Florencia, con su cuerpo mutilado. También está la sirvienta perseguida por un “proveedor” lascivo, el ”Niño grasa” y su monstruosa madre, la peor de todas. El álbum con siluetas de seres deformes y de apariencia diabólica que representan la familia que nadie quisiera tener, la que surge de los peores recuerdos o las pesadillas. Todos son personajes creados o recreados por el escritor uruguayo Felipe Polleri en La inocencia, un relato que aparentando el formato de memorias, recrea la niñez perturbada de su narrador y sus complicados lazos familiares.
El protagonista se llama Rodolfo y recuerda parte de su infancia, cuando fue un niño tímido y enfermizo que creció frente al parque Villa Biarritz. En su relato aparece junto al barrio de siempre, con sus grandes y suntuosos apartamentos, un lugar menos placentero donde los porteros son amables, pero al mismo tiempo borrachos, los hijos de los propietarios se suicidan tirándose desde los balcones y los más maduros se convierten en parásitos, como el padre del narrador: “Mi padre era un completo inútil y un completo imbécil que, por otra parte, dedicaba algunas horas mensuales a la genealogía y la heráldica. No era el único inútil ni el único imbécil del edificio”.
En este ambiente de falsa luminosidad, crece el narrador junto a una madre prejuiciosa tan intolerante con “los grasas” y las “sirvientas negras o gallegas” como con su hijo, por quién siente algo muy parecido al desprecio. “Mamá necesitaba creer que todo el mundo era ’bueno’, incluidos los chiquilines que me cagaban a patadas todos los días frente a sus narices y de los que yo no me defendía”. Como resultado Rodolfo crece con un gran sentimiento de debilidad que con el tiempo se transforma en odio: “Lo indudable, según los psiquiatras y otros expertos, es que estoy loco. Que soy un loco peligroso, como lo demuestran mis ataques de furia o estas memorias, peor que ‘malas’, malvadas”.
De golpe el relato se muda hacia Pocitos. El narrador es el mismo, pero cuenta otra historia. Vive con una hermana que como él es soltera, siempre preocupada por su frágil salud. Rodolfo continúa con una sensibilidad exacerbada y una inutilidad que lo paraliza. Por allí se mezclan otras hermanas, o las mismas de antes, la depresión y la enfermedad. Y siempre la madre que en terribles sueños se le aparece tomado el té, amigablemente, con Hitler.
Polleri tiene la capacidad de incomodar a sus lectores con una temática difícil de digerir y con un retrato familiar, y sobre todo maternal, sórdido y angustiante. Regado con versos de William Blake, el relato crece en oscuridad y también en sabiduría: “Aquel que ha permitido que abuses de él, te conoce”, proclama desde un subtítulo el poeta inglés.
Con imagines pesadillescas y una narración que mezcla personajes y tiempos, La inocencia es un libro que atrae por su propia extañeza. Su estilo descarnado recuerda al del austriaco Thomas Bernhard, quién analizó sin piedad la sociedad que le tocó vivir. Aunque si el humor de Bernhard, el análisis de Polleri es igualmente amargo y cínico, pero se traduce en un viaje interior hacia algo muy parecido a la locura. Una travesía difícil, a la que vale la pena arriesgarse.